EL NIÑO JESÚS DE LOS REYES.[1]
En Mocondino, San Juan de Pasto, se realiza cada 6 de enero una fiesta menor en comparación con el carnaval de la ciudad, pero que para los habitantes del corregimiento significa un gran acontecimiento, pues es la fiesta del arribo del Niño Jesús a su pueblo, en el Día de Reyes.
Contaba Don Lucio Jojoa que hace muchísimos años, en la época del Padre de la Villota[2], una lavandera de Mocondino, de nombre Dolores, se encontraba jabonando en la quebrada que baja por Mijitayo (Pasto), frente a la Iglesia de San Felipe, donde, según algunas versiones de la gente de Jenoy, el diablo fue encadenado por el Padre Concha y obligado a acarrear piedras del Galeras para construir la iglesia.
Contaba Don Lucio que un cinco de enero, mientras Dolores jabonaba la ropa de la familia del padre De la Villota, por la quebrada bajó el muñeco de un niño, al cual recogió, sin prestarle mayor importancia, hasta que se lo mostró a la mamá del Padre De la Villota, quien sugirió mostrar el hallazgo a su hijo, ya que presentía que el muñeco no era cualquier muñeco.
Dicen que efectivamente el Padre De la Villota reconoció en el muñeco la efigie del Niño Jesús, y que efectivamente vio en su aparición un signo divino, dada la cercanía del día de Reyes. El Padre le dijo a Dolores que el muñeco encontrado era el Niño Jesús, y que ella debía acabarle una Fiesta en el día de Reyes, hecho que, según Don Lucio, se materializó muchos años después, cuando a Dolores le movió la consciencia de hacerlo.
Desde entonces, mientras la ciudad celebra el carnaval, en Mocondino celebran la llegada de un Dios particular a su pueblo en medio del agua, tanto por su pequeña figura y presencia, como por su enorme poder como protector del territorio Mocondino.
[1] Esta versión fue contada por don Lucio Jojoa, habitante del pueblo de Mocondino, en reuniones con el equipo IADAP en el año 2007 durante el proyecto de investigación Tejiendo Alternativas de vida desde los entornos de San Juan de Pasto, coordinado por el profesor Jairo Rodríguez.
[2] Francisco de la Villota. Nació en Pasto el 2 de enero de 1790. Estudió en Lima y fue ordenado presbítero en 1815 con el título de Capellán de la Ermita de Jesús del Río. Desde su regreso a Pasto se sintió la influencia de este sacerdote a quien muy pronto, llamaron “el Padre Grande”. Su estilo de predicación, a la usanza de la época, fue duro y amenazante, consiguiendo así muchas conversiones, sobre todo con la obra de los “Ejercicios Espirituales”, que hasta el presente tiene como apostolado la comunidad. Fue un hombre de oración profunda, penitente, austero, asceta, fiel a su vocación en todo sentido. Murió con fama de santidad el 20 de julio de 1864. De la Villota, fue uno de los opositores a la supresión de los llamados Conventos Menores hacia 1839, lo que generó la llamada Guerra de los Conventillos.

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